martes, 4 de septiembre de 2012


No quiero correr el riego de olvidarte, y por eso le puse tu nombre a una estrella. No es la mas bonita, ni la mas grande, ni la mas brillante, pero es la primera en salir incluso a la luz del día, y la ultima en despedirse cuando llega el amanecer.
Quizás, si te subes a la copa del árbol mas alto y miras con paciencia al cielo, puedas ver un pequeño punto brillante que asoma entre la inmensidad: esa es tu estrella, la mía, la nuestra.
A veces quisiera tomarla y guardarla en mi bolsillo para llevarla siempre conmigo, pero luego recuerdo que no se puede encadenar un alma, mucho menos la tuya, que sin ser pájaro o nube danza con el viento en lugares inalcanzables para mi.Como no puedo poseerte, me conformo con imaginarte allí, muy arriba, viéndome a mi, muy pequeña y tratando encontrar la salida a los laberintos del Minotauro. A veces hasta te canto alguna canción, un poco para encontrarte y un poco para encontrarme, con la esperanza de que puedas escucharme y tararees conmigo la melodía.
Quizás un día pueda escaparme de la ciudad y de mi, para ir a visitarte y que veamos juntos cuan grande es el mundo.

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