martes, 4 de septiembre de 2012

Pensamiento de invierno

-Quiero a mi mama.-dijo la nena que se había golpeado.
-Quiero vacaciones.-dijo el hombre cansado.
-Quiero el divorcio.-le dijo la mujer.
-Quiero conocer el mar.-dijo el porteño.
-Quiero que todo salga bien.-dijo ella preocupada.
-Quiero verlo.- dijo la enamorada.
-Quiero verte.- dijo el enamorado.
-Quiero morir.- dijo el suicida.
-Quiero vivir.-dijo el enfermo terminal.
-Quiero dormir.- dijo el insomne.
-Quiero hacerte el amor.- dijeron los amantes.
-Te quiero.- pensé.

No quiero correr el riego de olvidarte, y por eso le puse tu nombre a una estrella. No es la mas bonita, ni la mas grande, ni la mas brillante, pero es la primera en salir incluso a la luz del día, y la ultima en despedirse cuando llega el amanecer.
Quizás, si te subes a la copa del árbol mas alto y miras con paciencia al cielo, puedas ver un pequeño punto brillante que asoma entre la inmensidad: esa es tu estrella, la mía, la nuestra.
A veces quisiera tomarla y guardarla en mi bolsillo para llevarla siempre conmigo, pero luego recuerdo que no se puede encadenar un alma, mucho menos la tuya, que sin ser pájaro o nube danza con el viento en lugares inalcanzables para mi.Como no puedo poseerte, me conformo con imaginarte allí, muy arriba, viéndome a mi, muy pequeña y tratando encontrar la salida a los laberintos del Minotauro. A veces hasta te canto alguna canción, un poco para encontrarte y un poco para encontrarme, con la esperanza de que puedas escucharme y tararees conmigo la melodía.
Quizás un día pueda escaparme de la ciudad y de mi, para ir a visitarte y que veamos juntos cuan grande es el mundo.