miércoles, 17 de noviembre de 2010

Encuentro

Hace mucho tiempo que sueño con esto. Las ganas de verte por primera vez inundan mi cuerpo y afloran en mis ojos. Porque a pesar de que te conozco mejor de lo que me conozco a mí misma, la distancia prolongo el encuentro. Pero no lo hizo imposible, si no más esperado.
La necesidad casi sobrehumana de cerrar mis brazos a tu cintura, y quedarme así , sintiendo  tu perfume.
El poder mirarte a los ojos y demostrarte cuanto te quiero, después de tanto tiempo de ansiarte.
El reloj marca los minutos restantes, suelo llegar temprano a todos los lugares.
Es entonces cuando te veo, distraído y medio perdido, como si no conocieras el lugar de encuentro. El tiempo se detiene, ya poco importa. La necesidad de escuchar tu voz, cerrar mis dedos en torno a los tuyos , y sentir  que la eternidad nos abre sus puertas.
Al  reconocerme, una sonrisa se dibuja en tu cara, reflejo seguro de la mia. Avanzamos hacia el otro, sintiendo que estamos solos.  Aunque hay un poco de nervios de ambos lados por el primer encuentro, si en este momento el mundo se derrumbara bajo nuestros pies, poco importaría.
Los pasos desaparecen, y con una solo mirada, el momento tan esperado llega por fin.
Los besos escritos, los “Te quiero” escuchados. Las promesas y las risas, los llantos y los consuelos. Los días y las llamadas. La esperanza y la desilusión.
Los sueños.
Las sonrisas.
Las bromas.
Las cartas.
La espera.
Los meses y los kilómetros de distancia.
Todo, ahora se funden en un único abrazo, la llave perfecta para corazones encadenados.


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